Ai, si llovieran hombres adinerados de los altos edificios…

Ai, si llovieran hombres adinerados de los altos edificios…

Alguien se ha estrellado sobre mi coche, escupido de un ventanal de la torre.

Las lunas reventadas, el techo abollado, los transeúntes sonriendo.

Un negro rodeado de orejas, de ojos y de bocas canta una canción:

“Hombres, siempre hombres, cayendo de las ventanas de Wall Street,

visión angélica, mensaje de amor entre lo humano y lo divino,

Hermes modernos: los quiero ver saltar de la City londinense,

de bancos, de rascacielos, de Dubai, de todos los ojos de Mollock.

Sus maletines son alas para nosotros;

estampándose contra el coche, los cristales son confeti;

la sangre, sacra; su grito, armonía para el vulgo.

Ángel Caído hasta el infierno del asfalto, sin playa debajo.

Como en la muerte de Penteo el pueblo grita en celebración,

se abren botellas y el vino eterno corre por la conciencia.

Unos sanfermines por la caída del poderoso,

una bacanal en las plazas por la vida de los que no son nadie.”

Y ese cuerpo que cayó encima del coche de un viajero nadie lo quita.

¿Donde estará el camino entre la piedad y la malicia?

¿Donde cae el amor en las revoluciones? ¿Qué mano mece mi pensamiento?

En la muerte no hay dinero, en la muerte sólo hay lo humano,

¡y yo deseo la revolución de los sexos! No quiero que mi madre sufra.

Pero en la muerte no hay dinero, en la muerte sólo hay lo humano.

Y no es el coche tampoco lo que me hace llorar, es el retirar el cuerpo judío.

En la muerte no hay dinero, en la muerte sólo hay lo humano.

Categories: general | Deixa un comentari

María

A traves del humo de su pipa, los ojos de los animales que cazaba podían ver el cielo azul una última vez, antes de que giraran encima de una hoguera oliendo a carne chamuscada. El humo era de tabaco fuerte, y podría haber sido confundido, por cualquier forestal competente de la zona, con el indicio de un incendio de verano. Pero ni en verano, ni en primavera, ni en invierno ni en otoño ningún forestal había cruzado la mirada con esa abuela salvaje que fumaba con esa pipa con acabados de marfil. Estaba sentada en su tronco de pino y sus pupilas dilatadas descansaban en la contemplación del fuego. Sus manos grandes, arrugadas y de lija hacían bailar una piedra pequeña, suave y redonda entre sus dedos. Las piedras de arlededor de la hoguera estaban colocadas de una forma arquitectónicamente perfecta. Se escuchaba el crepitar del fuego, una paloma cercana, y ella. María cantaba.

 

 

 

Categories: Uncategorized | Deixa un comentari

Camaleón urbano

Llega y no mira.

Abre.

No te cortes el pie.

Una caja de cartón, medio rota.

La tapa, ahora  no se cierra!

Primer olor (sniff) fuerte, luego a subsuelo.

Una mirada, disimulada y totalmente disimulada, a la espalda.

En el trayecto:

MI CARRO.

Una esquina, y abrigos caros pasando.

60€, 50€, 100€.

Meses de dolor en las manos. Que ya no son meses. Que es tiempo!

Y el tiempo se hunde en el color gris.

Mi color favorito.

Ahora plástico, y no ha pasado nada.

Del subsuelo son las ratas.

Feas, pero nunca mueren.

Sufre mamón devuélveme a mi chica…!!!

Mierda del oro.

Cuantos reloges ya, y ni pizca del oro.

Oro, oro, oro y no se ve en ningún lado.

Las pirámides con oro en la punta. Quién las escalara con un pagaré. Quien la sustraía. Usurar. Delito de usurpa. Usted. Delito de sustracción.

Sustraer, sustraer, el palo no sustrae demasiado bien.

Se está enredando.

Pelos de peluquería.

Polvo de las aspiradoras.

Trozos de aspiradoras.

Trozos de mujer que aspiraba. Una vez un dedo. Seco y gris, pero no plástico, eso había aspirado alguna vez.

Daltónicos. Verde, Amarillo y azul. Esa es la bandera. El gris no es de ninguna bandera. Aquí sólo para los de fuera.

Qué le hace a uno de fuera?

Algo repica como un vidrio. Es cerámica. Como el barro. Pero negro.

A algún sitio ha pertenecido esto que cojo.

Abrigo caro nº 164. Me entretengo.

Y esto fue comprado con otra cosa, y ahora dispuesto a vender-se-me.

Era un botón.

Ahora en mi mano parece apuntar hacia su sitio. A lo gris con él.

Un camaleón. Camaleón de ciudad. De basura. Soy una hacha.

Ahora soy gris.

Ahora soy violento.

Ahora soy gris.

Ahora un abrigo avanza con más tensión en los gemelos. No voy a correr, no soy un guepardo.

Un camaleón!!! Estaba clarísimo.

Yo sólo veo pieles, dicen que las pieles son los pelos. Pero todos los abrigos para mi son como pieles.

Yo a veces llevo algún pelo, en la chaqueta, digo.

Algún pelo suyo. Me vuelve loco.

Hoy han tirado los rulos viejos. Los rosas. Me gustaban más los rulos viejos, azules, hacían de la peluquería algo más pintoresco.

Hay una carta, un sobre.

Pone mi nombre.

Cerrada, totalmente lisa, sin mangonear.

La abro con el cobre. El sobre, digo.

Es una invitación a una fiesta.

Lástima de apellidos.

Hoy podría haber ido a una fiesta.

Tiro la carta, guardo el sobre.

Y lo gris se funde con el pelo.

 

 

 

 

Categories: general | Deixa un comentari

Crea un lloc web gratuït o un blog a Wordpress.com.