Archivo de Octubre 2009

Ataque a mi intimidad; yo me masturbo.

Octubre 18, 2009

Antes de que leáis lo que está escrito, quiero haceros saber, que para mí esto no es más que una fuga, como un poema, el que no entienda que se joda, y que si te sientes escandalizado o decepcionado, piensa que el hombre es un ser extraño. No sé, la verdad, que es lo que en realidad me empuja a publicar esto. No puedo mortificarme por mi subconsciente ni, a veces, de mi consciente. Y voy a dejar de decir gilipolleces y de excusarme. Buen provecho.

Amigos, yo me masturbo.

Los hombretones como yo, nos vanagloriamos de hacernos pajas a menudo, yo personalmente como mínimo una vez al día, pero creo que esta actitud es incorrecta, y si no es incorrecta, en mi caso es hipócrita porque yo algunas veces no me siento bien cuando me corro. Y ahora lo explicaré.

Desde que por fin conseguí correrme con mis propias manos (es decir, solo), he estado seguro que después de la eyaculación el mundo se abre haciéndote ver un abismo tan oscuro como no hay nada. Sí, yo cuando me corro hundo a negro aunque mantenga los ojos abiertos. Y es que extraño ha sido el día en el que después de haber derramado el mercurio vital, no haya tenido una fuerte sensación, como una sacudida recorriendo el espinazo (y no resultado del orgasmo), que me haya hecho reír a carcajadas, llorar sin sentido o despreciar mi cara en el espejo. Normalmente mientras estoy eyaculando suelo soltar un gemido escondido en una carcajada. Sí, me río mientras me salpico de semen. Y la verdad no sé porqué, ya que gracia, lo que es gracia, más bien no me hace, quizás me río de mi mismo. Cuando me pajeo a veces me imagino a mí mismo desde fuera “Mira, un estúpido adolescente pajeándose estirado en la cama”, y me imagino que me arrugo como una pasa, como si fuera un viejo masturbándose, cuando esto ocurre pueden pasar dos cosas: si tengo la moral alta, paro, me escondo la polla en mis pantalones (si los llevo), y me pongo a hacer cualquier otra cosa, en cambio si mi dignidad no tiene un buen día, sigo pajeándome mientras la imagen del viejo Eric tocándose los genitales va perdiendo terreno ante la imagen de un cuerpo desnudo. Estas veces, cuando eyaculo me duele al desprender el semen de mi glande. Un hombre (no soy mujer así que no sé cómo es en su caso) pajeándose es tan poético y patético como una bolsa de basura ahogando un bebé de pocos meses, es la poesía “post-pop”. Pero no hemos acabado, para el que haya querido seguir leyendo tengo más que ofrecer, puedo aún destripar más mi oscura intimidad. A veces al correrme me vienen ganas de reciclarme, de meterme los dedos para vomitar, y así apaciguar las arcadas que me vienen, pero tengo miedo, porque sé que si lo hiciera, de mi estómago emanaría otro Eric mejor que yo, y me da miedo que algo tan grande como es un cuerpo humano adulto tenga que ser expulsado por mi boca. Creo que no me descolocaría la mandíbula sino que el maxilar inferior se desprendería de mi cara y caería al suelo en un charco de sangre, hay que entender que yo no soy una sierpe, al menos no anatómicamente, y la piel de la cara, si tuviese que vomitarme a mí mismo, se me destriparía como se destripa un trapo gastado. Así es como nacería otro Eric de mis entrañas envuelto en vómito, sangre y jugos gástricos. Sólo de pensarlo me entran escalofríos. Por miedo, es por lo que no vomito después de correrme, pero ganas, a veces no me faltan.

Aún así, no penséis que siempre es tan asqueroso, hay veces que al correrme encima de mi barriga me entra una felicidad inexplicable que combinada con la euforia, el corazón acelerado y los pulmones hiperventilados, hacen que suba al paraíso con Dante a echar unas copas de cava.

Así que: felicidad, tristeza, asco, nostalgia, decepción, amor, alegría, euforia y locura son sólo algunos de los trastornos que acuden a mí cuando eyaculo.