Recomendación: ¿Amor homosexual? y Hiperión

By ombra

apollo

Friedrich Hölderlin fue un poeta alemán, que murió víctima (¿víctima?) de la locura  y que escribió la novela, para unos pesada y para mi sublime, Hiperió o el eremita en Grecia. Y quizá compuso aquí su obra maestra, quizás porqué no he leído más nada escrito por él.

Tendré que dar las gracias a un profesor (no muy apreciado, la verdad) de la universidad. que adjudicó unas fotocopias de unas pocas páginas de tal libro a sus amadísimos alumnos. E ahí cuando descubrí el amor en la palabra, si se puedieran describir las nubes Holderlin sería el único que ha podido hacerlo. Ese trozo de papel me hablaba de un amor extraño ¡Un amor entre dos hombres! A principios del siglo XIX Holderlin escribía sobre el amor. Yo, un heterosexual acabado leyendo sobre un amor entre dos hombres, estaba muy confundido porque no entendía el secreto que escondía la poesia de todas esas palabras. Tenía que leer más, las fotocopias se acabaron y no tube más remedio, sí, de comprarlo.

Una vez abierto el libro descubrí aquello que no había entendido en las fotocopias. Hiperión era como yo, me sentí tan atado a su alma… ¡Ambos podríamos haber andado juntos por las costas del Peloponeso! Y a él, a este cauto personaje, a este poeta de las flores le estaban enseñando a amar, en los pasajes le mostraban el camino para la más grande virtud, el amor por la vida. Primero un maestro, luego un amigo, luego una chica, etc. Todos ellos fueron amados y por todos ellos llora Hiperión cuando parten de su vida.

Buscando el porqué de un autor, las razones por las que muestra a un hombre amando a otro en unas pocas líneas, la curiosidad, el morbo, la lujuria que escondían esas páginas. Me han traído hasta aquí hasta Grecia, y he leído al amor, y ahora como Hiperión miro las nubes y amo los árboles.

Y e aquí, para quien le interese, un fragmento de la obra:

“A ser uno con todo lo viviente, volver en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza. A menudo alcanzo esa cumbre, pero un momento de reflexión basta para despeñarme de ella. Medito, y me encuentro como estaba antes, solo, con todos los dolores propios de la condición mortal, y el asilo de mi corazón, el mundo enteramente uno, desaparece; la naturaleza se cruza de brazos, y yo me encuentro ante ella como ante un extraño, y no la comprendo. Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas, pues en ellas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecía y florecía, y me agosto al sol del mediodía. Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona. “

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